
Por Ramón “Rodo” Martínez
Hoy celebramos los 123 años de nuestro querido Maciá y aquí estamos plantados en el suelo, porque esta tierra es nuestra, no la ganamos con la espada, ni con las lanzas, ni con acontecimientos políticos, militares, ni religiosos, sino la conquistamos con sudor y trabajo cotidiano; bienvenido sea todo lo que nos hace reencontrar con nuestras raíces y revitalizar nuestra cultura.
Al recordar hoy los 123 años de nuestra ciudad, viene a mi memoria los recuerdos de mi niñez. Recuerdo el sol atravesando con sus rayos las polvorientas calles sin nombres y sin números, las casas simples, los humildes ranchos pero limpitos, las veredas de ladrillos, el trotar de caballos, el andar de sulkys, los carros de 2 y 4 ruedas cargados de cereales hacia lo Goldaracena, sendas perdiéndose a lo lejos, confundidas con los montes y los campos celestes de lino, o vibrando el verde maizal y el rubio de los trigales.
Viene a mi mente la escuela grande y la iglesia chica, la plaza San Martín, noches de luna llena y de las inmutables estrellas en el cielo, carnavales con murgas y disfrazados, las fiestas patronales, comunión y procesión, asado con cuero y juegos populares, tristezas y alegrías compartidas, trenes, anden, llegadas y partidas, el silencio profundo de la siesta.
La risa de la gente, el saludo afectuoso a cada paso y sobre todo recuero a mis vecinos y el aire limpio transparente, la clara luz atravesando las paredes, calles y tapiales que se nos metía en el alma iluminando nuestra vida para siempre.
Hoy, a los 123 años, damos gracias a Dios de poder estar juntos aquí, recordando a los de ayer y a los de hoy. Que este aniversario, señores, nos llame a la reflexión y nos una por encima de todas nuestras mezquindades y diferencias para enfrentar el futuro que depende exclusivamente de nosotros y que el trabajo de todos sirva para que nuestro querido Maciá, siga creciendo.

