La educación virtual, que comenzó a instrumentarse en Entre Ríos a partir del 16 de marzo, cuando se suspendieron las clases presenciales a raíz de la pandemia de coronavirus, derivó en una mayor sobrecarga de trabajo para los docentes, en particular los equipos directivos de las escuelas. Esa mayor cantidad de horas dedicadas al trabajo les acarreó consecuencias en un desmejoramiento de la salud, física y mental, y a problemas en las relaciones inerpersonales.

El dato lo revela una encuesta que llevó adelante el Instituto de Investigaciones y Estadísticas de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (Agmer), que destaca en su informe final que “la carga de trabajo es mayor durante la cuarentena que en condiciones habituales en un 80% de los casos, mientras que un 18% dijo que es similar, y el 2% restante afirma estar trabajando menos horas”.

Entre quienes dijeron que durante la educación virtual soportan una sobrecarga de trabajo, el 72% contestó que esa sobrecarga es mayor a 4 horas diarias; en tanto que para un 25% la misma es de una a cuatro horas y para el otro 2% de menos de una hora al día. El dato relevante es que el 92% respondió a la encuesta que realiza parte de su trabajo fuera del horario laboral, ya sea a contraturno o en fines de semana y feriados.

La encuesta, destinada al personal directiva, es el segundo relevamiento que lleva adelante Agmer desde el Instituto de Investigaciones y Estadística, y estuvo a cargo de Alejandro Bernasconi,  Federico Tálamo, Noelia Bard, Guillermo Lugrín, Abigaíl Erbes y  Guillermo Zdanowicz. El relevamiento apuntó a conocer sobre las condiciones de trabajo de los equipos de conducción de los establecimientos educativos entrerrianos en el contexto del aislamiento social, preventivo y obligatorio.

El sondeo, que tuvo lugar entre el 18 y el 20 de mayo y alcanzó a 419 directivos, permitió conocer el “malestar docente” por el cambio en la metodología de enseñanza: de la presencialidad a la virtualidad, obligado el cambio, claro, por la pandemia de coronavirus y el aislamiento dispuesto por las autoridades. Así, más de la mitad (56%) de los docentes encuestados respondió haber percibido algún tipo de malestar producto de la acumulación de trabajo: en un 15% de los casos ese malestar fue físico: en un 16% fue psíquico; y en un 25%, tanto físico como psíquico. Esa sensación se incrementa notablemente cuando se agrupan las respuestas según la sobrecarga laboral. Tanto es así que quienes no trabajaron una mayor cantidad de horas afirmaron no percibir malestar en un 76% de los casos, mientras que, en el extremo opuesto, quienes sumaron en promedio más de cuatro horas diarias de trabajo percibieron algún tipo de malestar en un 68% de los casos.

Esta percepción de malestar físico o psíquico fue asociada en un 70% de los casos con síntomas no percibidos anteriormente. Para el resto, en cambio, se trató de síntomas de alguna enfermedad previa conocida (26%) o de una enfermedad laboral que ya había sido diagnosticada (4%).

Aunque la sobrecarga de tarea no afectó la relación de los directivos con los docentes –así lo afirmó el 58% de los encuestados- sí observaron, en cambio, que se resquebrajó la relación con las personas con las que conviven. Un 34% contestó que empeoraron a causa del trabajo desde el hogar. De hecho,  estos porcentajes tienden a aumentar cuando se agrupan las respuestas en función de la sobrecarga laboral.

Conectividad:

El relevamiento de Agmer alcanzó a directivos de los cuatro niveles: un 56% de primaria; un 33% de secundaria; un 4% de superior; y un 7% de nivel inicial

En relación a los dispositivos electrónicos o informáticos empleados para sostener el trabajo en cuarentena, tanto a la hora de establecer canales de comunicación como para el resto de las tareas institucionales, el teléfono celular aparece como el medio más común (97%), seguido de las computadoras portátiles (73%) o de escritorio (41%).

Es probable que esta tendencia responda fundamentalmente a razones depracticidad y costo: el celular casi siempre es de uso individual, resulta fácil de transportar y utilizar, incluye las aplicaciones necesarias para comunicarse y tiene un costo mucho menor. El mismo se vería complementado por la computadora especialmente en los casos donde se requiere escribir o leer documentos extensos, resume el estudio.

Casi la totalidad (98%) señaló que tiene acceso a internet en la vivienda, aclarando que esto no implica necesariamente la falta de acceso, dado que la variable no considera la posibilidad de conexión móvil mediante el teléfono celular. En cuanto a la calidad de la conexión (velocidad y estabilidad de la misma), en la mayoría de los casos la misma es buena (43%), es decir que funciona sin problemas, o regular (54%), dado que funciona lento o experimenta cortes o interrupciones.

En cuanto a los dispositivos electrónicos o informáticos empleados normalmente para el trabajo no presencial, el teléfono celular resulta el más común (98%), siguiéndole con valores más o menos semejantes la computadora de escritorio (46%), notebook (45%), smart TV (41%) y netbook (39%) –aquí es posible inferir una relación con el Programa “Conectar Igualdad”–, en tanto que una proporción bastante más escasa posee tablet (14%). Con relación a esto, cabe señalar que casi un tercio (41%) dijo que necesitó comprar o pedir prestado algún dispositivo para realizar su trabajo durante la cuarentena, mientras que poco más de la mitad (54%) considera que su equipamiento es adecuado para llevar a cabo las diversas actividades desde el hogar.

Fuente: Entre Ríos Ahora